15 noviembre, 2020

Prometheus

Las cosas grandes tienen principios pequeños.

Prometheus. 2012 Ridley Scott.

12 septiembre, 2020

Q


No os imagináis la cantidad de música que escucho a lo largo de la semana. El tiempo del que dispongo no siempre es uniforme, así que a veces pueden pasar días sin que escuche nada y luego me doy un atracón de audiciones. Eso va como va.

Intento escuhar muchas cosas, muy diferentes unas de otras. Intento seguir la carrera de infinidad de músicos/sellos que me interesan (y la lista crece cada día). Y, entre todo lo que escucho, intento ser un poco crítico y exigente: cuando selecciono el material que incluiré en el próximo programa quiero pensar que se notará el esfuerzo de filtrar horas de música. Creedme si os digo que desecho aproximadamente un 95% de la música que escucho; es decir, para preparar un programa de 2 horas escucho alrededor de 40 horas de música, de la cual "aparto" 38 horas. Eso no significa que sea mala y que la envíe a la papelera directamente. Mucha desde luego sí, pero la mayor parte la voy guardando para ver si le puedo dar otra oportunidad más adelante (quizás el momento de escucharla no ha sido el propicio, hay música que reclama su momento). Es difícil ser objetivo con algo tan personal y emocional como la música.

¿Por qué os cuento esto? Para que os deis cuenta de que, a fuerza de años, uno (yo) se ha vuelto exigente (y quisquilloso y maniático) y le echa horas a este asunto y se lo toma en serio para haceros llegar un programa de calidad.
Sí, este programa es fruto del amor (amor a la música y, como se suele decir, amor al arte), porque no me resuelve (económicamente hablando) nada de nada. Más bien al contrario: me roba tiempo y esfuerzo que, teóricamente, se (re)compensa con la satisfacción del deber cumplido, con el disfrute de compartir una pasión.

No me dedico a esto para adquirir fama ni renombre, ni conseguir favores de nadie, pero me gusta hacerlo (si no, hace tiempo que lo hubiera dejado).

Así que si voy a hacerlo, mejor hacerlo bien.

06 julio, 2020

Ennio Morricone muere a los 91 años


El Diario, lunes 06/07/2020 08:54 horas

El compositor italiano Ennio Morricone, autor de bandas sonoras míticas como las de La misión o Cinema Paradiso, ha fallecido a los 91 años de edad, según ha avanzado la agencia Ansa.

Nacido en la capital italiana el 10 de noviembre de 1928, estudió en el Conservatorio Santa Cecilia bajo la dirección de Goffredo Alessandrini y se diplomó en composición, trompeta y canto coral. Comenzó como compositor de música sinfónica y de cámara, extendió su actividad a la música ligera y trabajó además de arreglista de cantantes como Gianni Morandi o Jimmy Fontana.

Su primera incursión en el mundo del cine se produjo en 1961 con la creación de la banda de la película El federal de Luciano Salcio y acabaría fraguando una estrecha colaboración con otros cineastas como Marco Bellocchio y Bernardo Bertolucci. Sin embargo su gran éxito llegó con el padre del spaghetti western, Sergio Leone, en películas como Por un puñado de dólares (1964), El bueno, el feo y el malo (1966), Hasta que llegó su hora (1968) o Agáchate, maldito (1971).

Ya consagrado como uno de los más prestigiosos compositores de la historia del cine, trabajó con otros directores como Pier Paolo Pasolini, Lina Wertmuller, Roman Polanski, Oliver Stone o los españoles Luis Buñuel en Leonor (1975) o Pedro Almodóvar en Átame (1990).

Algunas de sus aportaciones más célebres son las composiciones para la cinta Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore; la obra maestra de Bernardo Bertolucci, Novecento (1976), o La misión (1986).

En 2016 Morricone se hizo por fin con un merecido Premio Óscar -hasta entonces tenía solo uno honorario- por la banda sonora que creó para el western Los odiosos ocho (2015) de Quentin Tarantino, una composición que le valdría otros reconocimientos como un Globo de Oro o el Bafta de la Academia Británica. La pasión de Tarantino por el maestro italiano es de sobra conocida y tal es así que reutilizó algunas de sus melodías en películas como Kill Bill (2003).

14 mayo, 2020

Haz que lostfrontier.org sea tu radio


Ya es posible escuchar nuestros programas encadenados directamente desde tu reproductor habitual de música. Ahora puedes disfrutar de nuestras listas de reproducción sin preocuparte de navegar por nuestra web e incluso cerrando completamente tu navegador.

Hemos creado 3 listas temáticas para tus diferentes preferencias:

    » nuestros últimos programas encadenados.
    » música ambiental/espacial.
    » nuestra serie de La Noche Más Oscura.

Puedes dejar que suenen durante horas sin solución de continuidad o saltar entre los distintos episodios.

lostfrontier.org/radio

14 abril, 2020

Hiperconectados


Estos días —estas semanas— que llevamos sin salir de casa a algunos les habrá servido para «desconectar». Como os sugería un par de publicaciones antes, aprovechad para echar el freno, apagad las pantallas y encended los canales analógicos de comunicación.

Bueno, yo he hecho un poco eso, pero he aprovechado para hacer también lo contrario...

He estado subiendo un podcast cada día para aprovechar este tiempo, recuperar el archivo histórico y, de paso, intentar paliar con el programa vuestras horas de encierro.

Y también para abrir un nuevo canal de comunicación más directo si cabe.

Ya teníamos Facebook (en decadencia absoluta puesto que no lo uso prácticamente; no me contactéis por ahí), Linkedin (que intento usar moderadamente y, a ser posible, de manera «profesional»), el ancestral blog (que creé en 1995 y que utilizo de forma anecdótica, pero que aquí está) y Twitter, que es la vía más rápida y directa de interactuar con vosotros.

A todo ello añado un canal en Telegram. Para los que no soltáis el móvil y sois perezosos para utilizar todas las posibilidades anteriores.

Más fácil no puede ser.

01 abril, 2020

Música para... Vosotros.


¿Somos un servicio público?

Lo solté así, tal cual, en Twitter esta mañana antes de publicar el playlist del programa de ayer.

Dicho así puede sonar un tanto pretencioso, pero las circunstancias son las que son. Es decir, estamos en medio del confinamiento provocado por el COVID-19 (el programa de ayer iba «un poco» por aquí) y todos estamos atrapados en este fenomenal caos. Como decía en el programa, unos en sus casas, solos o con su familia, otros trabajando, en primera línea como los sanitarios, las fuerzas de seguridad, los transportistas o los reponedores de supermercado, o como autónomos o para la empresa que nos da de comer. Cada uno con sus circunstancias. Sanos o enfermos. Con amigos o familiares que tal vez estén hospitalizados o, directamente, no lo hayan superado.

Con la música intento proporcionar una ventana de aislamiento del momento presente, un paréntesis donde refugiarse y escapar del estrés cotidiano, de los problemas mundanos. Ni más... Ni menos.

Dicho así no parece gran cosa, pero entiendo que haya oyentes que aprovechen al máximo esto que digo. Que realmente difrutan con cada nuevo programa, que efectivamente sea un bálsamo en estos días de aislamiento. Esa es mi esperanza.

Alguien respondió que hay oyentes que aprecian lo que hacemos y que agradecen que estemos haciéndolo. Yo contesté: entonces sí que somos un servicio público.

Ser o no ser. Esa NO es la cuestión. Yo no voy a hacer el programa «por ser un servicio». Pero sí es cierto que de alguna manera lo somos. En realidad todos lo somos en nuestros actos cotidianos. Todos servimos a los demás en la medida de nuestras posibilidades; con nuestro trabajo o simplemente en nuestras relaciones con los demás.

Como decía ayer: esta es música para... Vosotros.

25 marzo, 2020

Tiempo de contención


El COVID-19 nos ha recluido en nuestros domicilios. Nos ha sometido (no entraré en valorar la eficacia de las medidas) a un confinamiento forzoso. Muchos encerrados con su familia —a la que, por fin, van a conocer— y otros aislados consigo mismos.

Es una paradoja: siempre nos quejamos de que desearíamos tiempo para estar en casa y, ahora que nos lo han impuesto, añoramos salir de ella. Somos quejicas compulsivos.

Yo me dije: escucharé más música. Mentira...

Hay mil cosas que hacer. Y entre todas ellas, mantener el contacto con los que te importan: con tus padres, con tus hermanos, con tu familia, con tus amigos, con tus compañeros de trabajo. Ellos también están confinados. Y agradecen que te acuerdes de ellos.

Haz aquello que siempre dejas para mañana. Ordena tu escritorio. Limpia aquel armario. Lee ese libro que tienes sobre la mesita abandonado. Cuelga ese cuadro. Aprende a cocinar ese plato que siempre te apeteció. Y también descansa del estrés del día a día. Aprovecha para echar un poco el freno. Date el gusto de tomarte un café después de comer. Lee media hora la prensa en el desayuno. Escucha la radio. (Amo la radio).
Deja de lado Instagram. Cierra Twitter. Apaga Youtube.
Usa Whatsapp pero, sobre todo, llama por teléfono, a la vieja usanza.

Y aprovecha: encuéntrate a ti mismo.

Que nuestros podcast te acompañen.