10 enero, 2015

Nada


2015. Estrenamos año nuevo.

Tras los excesos propios de estas fechas y tras la vorágine de cerrar el año y publicar en el mismo mes el sampler 16 y el Christmas sampler 2014, de repente me entra una pereza inmensa a la vista del futuro inminente que ya se vislumbra.
Hago un balance rápido a volapié (poco riguroso, pero no creo que muy desencaminado de otro más concienzudo y realista) y me digo, un tanto desencantado: "si ahora decidiera colgar los bártulos y cerrar el programa, ¿qué? ¿Qué pasaría si no existiera programa 808 ni ningún otro futuro? Si cada martes, en lugar de las 2 horas habituales de recomendaciones personales, sólo existiera el silencio. Si desapareciera, así, sin más."
Y automáticamente me vienen a la mente un puñado de nombres y de rostros amigos y conocidos que me preguntarían "¿qué ha pasado, cuándo vuelves?". Un puñado. El resto de los mortales permanecerían impasibles, imperturbables, ajenos a tan (in)trascendental acontecimiento. Porque, admitámoslo, el hecho es absolutamente intrascendente. Nada pasaría.
NADA.

A veces (cotilla que es uno) me da por echar un vistazo a las estadísticas. Saber cuántas descargas/audiciones hay de los programas, cuáles son los más populares, etc. Y también ojear a "la competencia", a los compañeros que hacen programas presuntamente afines y ver cómo les va a ellos. Y a menudo descubro que, por mucho que pase el tiempo, mi "popularidad" no parece progresar. Es como si siempre me escucharan los mismos (lo cual está MUY bien, sinceramente). Pero se me antoja un tanto extraño que, a pesar de llevar ya 22 años en esto (10 en Internet), la cosa no evolucione. No parece creíble que los cuatro gatos que me siguen sean todos los que son. Estadísticamente no me cuadra.
Estadísticamente esos tienen que ser la punta del iceberg. Debajo tiene que haber una inmensa minoría que no se han enterado de que estamos por aquí. Que están escuchando música "para biodanza", "para meditación", "para la creatividad", "para la inteligencia emocional", "para la limpieza energética", "música sanadora", etc, etc, etc. Y esto no me lo estoy inventando. Esto es así. Estas etiquetas que he entrecomillado son las más populares en este tipo de música. A (casi) nadie parece importarle nuestro disco de la semana; disco que, bajo mi personalísmo y arbitrario criterio, les da cien mil vueltas a sus terapias monocordes de relajación.
Paralelamente, los programas que dedico temáticamente a la música ambiental/espacial (donde he acabado, a petición del respetable, por no presentar la música y dejar que suenen 2 horas de sonidos excepcionalmente planos en una especie de orgía trascendental de no se sabe muy bien qué) son los más descargados. Con diferencia.

Visto lo visto, uno concluye con pasmosa facilidad que el esfuerzo que dedica a "toda la parafernalia" (manera simpática de definir la labor de búsqueda, filtrado, selección, ordenación, presentación y ascensión a las redes) tal vez -tal vez- podría obviarse en favor de otras labores menos productivas pero tal vez -tal vez- más gratificantes, egoístamente hablando.
O sea, que para qué preocuparse, ¿no?
Porque (casi) nadie se percataría del apagón. Nadie.

[Pausa valorativa].

Y uno podría dedicarse a esos mismos menesteres, pero para sí mismo. Egoístamente.
Yo seguiría descubriendo música porque no me imagino dejando de hacerlo. Pero no la empaquetaría convenientemente en un programa de radio de 2 horas para disfrute de mi audiencia. Como mucho la recomendaría a través de twitter o facebook y que cada uno se busque la vida como buenamente pueda. Si le interesa. Y si no, aquí paz y después gloria.

Y la Tierra seguiría girando. Como si nada.

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